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ESA IMAGEN DE DIOS DEBE MORIR.


ESA IMAGEN DE DIOS DEBE MORIR.


Nosotros estamos hechos a “imagen y semejanza de Dios”. Lo normal sería ir progresando y perfeccionando esta imagen y convertirla cada día en imagen bonita, hermosa, cada vez más cerca de Dios. Pero ocurre que, con el tiempo, hemos convertido a Dios a nuestra imagen y semejanza. Y nos hemos hecho un dios pequeño, un dios de bolsillo a quien manejamos a nuestro capricho. Y lo tenemos a nuestro servicio. Esa imagen de Dios debe morir.


Pido a Dios que me libre de Dios.

Del Dios de los mercenarios,

del Dios que yo pueda manejar.


Hay gente que quiere ver a Dios con los mismos ojos con los que ve a su vaca, y quiere amarle como quiere a la vaca: la quiere porque le da leche y queso y le resulta provechosa. Lo mismo sucede con todos los que aman a Dios para alcanzar riqueza exterior o consuelo interior: los que aman así no aman a Dios sino su propio provecho. Esa imagen de Dios debe morir.


La Reflexión es: Por eso hay que hablar de un Dios que está cerca y lejos; que es antes y después; que es alto y es profundo; que es vida y es muerte; que es ausencia y es presencia, que es el Alfa y el Omega. Por lo tanto no debemos reducir a Dios ni encasillarlo en nuestros estrechos esquemas mentales.

 
 
 

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